Adriana:

Cuando estaba de 33 semanas, el mismo día que empezaba el añorado prenatal (el que todas me decían que era el que más se disfrutaba porque no hay otro hijo al que atender), a mi papá se le complicó una operación al corazón y estuvo 25 días en la UTI… fueron días durísimos, que sumado a la pandemia, ni si quiera podíamos ir a verlo, o acompañar a mi mamá en la sala de espera.
En esos momentos, donde la vida está al límite, haber tenido otra vida dentro mío, dependiendo 100% de mí para vivir y crecer, fue muy chocante y a la vez muy movilizador.
Por un lado, fue importante darme espacio para vivir las emociones…. Miedo, incertidumbre, aflicción, pena, preocupación, pero por otro lado, sentía que no podía dejarme estar ahí, que por mi guagua tenía que echar para arriba, tener esperanza, confianza, agradecer los avances y vivir al día….
Y hoy muchas veces el día a día de mi maternidad es exactamente igual… con miedos e incertidumbres, pero también lleno de pasos gigantes, avances, maravillas y alegrías indescriptibles que me hacen vivir un día a la vez y echarle para adelante.

Creo que todas las experiencias que he tenido a lo largo de mi vida, son el tras bambalina de mi maternidad; son vivencias que hoy me permiten creer firmemente en que soy capaz de hacerlo, que hay un escenario firme y seguro en el que puedo actuar, moverme e improvisar.
Mientras pienso y escribo esta idea, no puedo dejar de pensar en mi abuela, que murió hace tres meses, y su legado de amor, presencia, generosidad y entrega fue maravilloso.
Y me gusta mucho pensar en que, de esto, no guardo solo recuerdos, sino que este modo que tenía mi abuela, se transformó en una forma de criar a mi mamá, quien luego me crió a mí y mis seis hermanos.
Siento que tengo una cadena, de varias generaciones, que me han ido transmitiendo, legando y enseñando desde el amor, el respeto, la paciencia, la generosidad y la presencia, el estar en el día a día, en lo cotidiano, en lo que parecen tonteras…. Y esto me permite actuar y maternar con seguridad. Confío, pese a los errores y dudas diarios, que todo lo que hago y me mueve es desde el amor.
Me emociona pensar que hay una cinta que nos une, y que muchas veces me guía.
Debo decir que esta cinta también se sostiene con la compañía y apoyo de mi marido, un papá alegre, cariñoso, paciente, creativo, y que hace todo por su familia.
No puedo dejar de pensar en lo importante que son las redes de apoyo, y agradecer las que tengo, porque hacen la cotidianeidad más llevadera y posible, desde el poder compartir experiencias, dudas, desahogos y alegrías, hasta contar con su ayuda en caso de necesitarlo, y creo que no solo nos vemos beneficiadas las mamás y/o papás, sino que nuestros propios niños… por lo mismo creo que es muy importante cuidar estas redes, nutrirlas y aprovecharlas al máximo!!!

0
    0
    Carrito