Un conocido proverbio africano dice “para criar un niño hace falta una tribu”, haciendo referencia a que el cuidado de los niños es una responsabilidad que debiese ser compartida con otros, tanto para beneficio de ese niño como para sus cuidadores. Compartir las responsabilidades de la crianza hace que ésta sea más llevadera y grata. Permite que sean varios adultos atentos a ese niño, compartiendo preocupaciones, alegrías, logros etc. Y a su vez, los niños crecen rodeados de sus pares, aprendiendo desde pequeños a convivir en sociedad.

Sin embargo, en la actualidad eso está lejos de ser una realidad para muchas familias, quienes se ven a cargo del cuidado de sus hijos sin redes que contengan ni otorguen apoyo. La familia, como la conocemos hoy en día (padres e hijos), es un sistema relativamente nuevo. Antiguamente el grupo de convivencia, comprendido como familia, era más extenso, las familias eran aglutinadas y se vivía en mayor contacto con la comunidad. En contraste, en la sociedad actual las familias cada vez son más pequeñas y están más solas.

La soledad es un sentimiento común cuando nacen los hijos, en especial para las madres en el periodo de puerperio y crianza. Cuando la mujer está embarazada es vista como alguien que merece cuidados, algunos ejemplos de ello son que se le cede el asiento y existen estacionamientos reservados para ellas. Sin embargo, al nacer los hijos las mujeres pasan a segundo plano, ya no se las llama por su nombre sino que se le dice “mamita” o “la mamá de…”, ya no hay estacionamientos privilegiados, ni son reconocidas socialmente. Muy por el contrario, en el puerperio las madres desaparecemos de la vida pública quedando solas al cuidado de los pequeños.

Finalmente estamos solas entre un montón de gente que no comprende nuestras necesidades ni la de nuestros bebés. Estas necesidades, de ser contenidas y acogidas, son sistemáticamente ignoradas por la sociedad. Se ignora e invisibiliza lo que significa cuidar de un bebé o un niño, y por el contrario se nos exige ser buenas madres y esposas, ser productivas y se nos impulsa a volver a la rutina previa institucionalizando tempranamente a nuestros bebés.

Pero, ¿qué es lo que realmente necesitamos madres y bebés?

  • Necesitamos redes de apoyo donde compartir nuestras experiencias sin juicios, donde sentirnos validadas y sostenidas en las dificultades. Necesitamos espacios para reencontrarnos con nosotras mismas y con otras, espacios de esparcimiento en compañía, donde madres y bebés estemos juntos, ya que somos un conjunto. Vale la pena recordar que las redes de apoyo, son fundamentales para prevenir psicopatología tanto en madres como en los bebés.
  • Visibilizar que quienes cuidamos también requerimos de cuidados.
  • Somos seres sociales, que vivimos y convivimos en comunidad, por lo que necesitamos construir sociedades que sean más amigables con la maternidad, paternidad y la crianza,donde se cambie de paradigma respecto a los cuidados de la infancia, valorándolos como una tarea esencial para formar adultos íntegros y construir sociedades más justas y consideradas.
  • Así también, necesitamos cambios en las políticas públicas existentes. En relación a esto, Esther Vivas, autora de “Mamá Desobediente” dice El cuidado y la crianza no se deben entender como una tarea individual, sino como una tarea colectiva, que debería ser responsabilidad del conjunto de la sociedad”. Algunos cambios concretos a implementar son: respetar los nacimientos, otorgar licencias postpartos más largas a los padres para que puedan involucrarse y compartir responsabilidades de crianza, disminuir las brechas salariales entre hombre y mujeres, facilitar la conciliación entre maternidad y trabajo, entre otras cosas.

Ojalá tengamos siempre presente que cuidar a madres y bebes debe ser un imperativo social ya que ahí se encuentra la salud mental del futuro.

 

Pilar Correa, psicóloga clínica, psicóloga perinantal y terapeuta familiar IChTF. Cofundadora de Nido Seguro

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