Todos los años, durante la primera semana de agosto, se celebra la semana mundial de la lactancia materna. Esto es parte de una campaña mundial que tiene por finalidad generar consciencia, proteger, promover, visibilizar y apoyar el derecho a la lactancia.

Como bien se sabe, la lactancia es fuente de salud siendo la leche materna el único alimento que proporciona todos los nutrientes, hormonas y protección inmunitaria que el bebé necesita, prolongándose incluso años después del destete.

Sin embargo, es importante destacar que su mayor ventaja es el vínculo, ya que más allá de ser un alimento, la lactancia es una estrategia que ha previsto la naturaleza para que las madres interactúen estrechamente con sus bebés, para que los miren a los ojos, respondan a sus necesidades y se construya el vínculo seguro. Se ha visto que quienes amamantan pasan más tiempo con sus hijos/as en brazos, interactuando con ellos.

Cabe mencionar que el vínculo de apego entre madre e hijo/a sentará las bases para las futuras relaciones de ese niño en su adultez e incidirá en su modo de comprender el mundo y posicionarse en él. Así de importante es esta primera relación de amor.

 

¿Pero qué pasa cuando no se logra y/o desea dar pecho?

A pesar de todos los beneficios mencionados, existen muchas razones para no dar pecho. Puede ser que una madre no desee establecer la lactancia, que no pueda por motivos de salud, que no le salga leche, que deba volver a trabajar, que no cuente con apoyo etc.

Es en este tipo de situaciones que el lema del año 2022: “Impulsemos la lactancia materna: apoyando y educando”, toma relevancia, ya que mucho se promueve y habla sobre los beneficios de la lactancia materna, pero se olvida que el apoyo es fundamental y debe ser transversal a los distintos tipos de lactancia. Cada mujer hace lo mejor que puede en las circunstancias en que se encuentra, y eso no es juzgable en ningún caso.

Ahora, si bien dar pecho facilita el apego madre hijo/a, también es posible construir un vínculo seguro sin amamantar. Para lograrlo es primordial e imprescindible el contacto físico cercano. Por eso cuando una madre decide no amamantar (o no puede) es favorable que cuente con apoyo, para que su bebé reciba lo mismo que uno que toma pecho, es decir, el contacto estrecho con su madre, las caricias, el contacto piel con piel, la mirada a los ojos etc.

Para favorecer la construcción de este vínculo de amor resulta imprescindible el rol de los otros. De los abuelos que ayuden en aspectos prácticos o cuidando a los otros hermanos, de la pareja y/o padre que sostenga y contenga a la mujer puérpera, de las amistades que escuchen cómo se siente esa nueva madre y cómo es para ella dar mamadera, y por supuesto de la sociedad que no enjuicie ni critique sino que apoye políticas y programas de lactancia materna.

Ojalá cada día logremos conversaciones más reales y sinceras sobre la lactancia, donde cada mujer pueda escoger libremente como quiere vivirla. Que si opta por la lactancia exclusiva sea por deseo y no por expectativas externas. Que dejemos de cuestionar las lactancias prolongadas más allá de los 2 años, que visibilicemos las distintas opciones de lactancia que existen, que no presionemos ni juzguemos a quienes deciden no dar pecho y que seamos más comprensivos y empáticos con las distintas formas de construir el vínculo de apego.

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Importante destacar que para más información o apoyo, se puede recurrir a consejeros de lactancia, psicólogos perinatales, y a los GALM (Grupos de Apoyo a la Lactancia Materna), que son espacios gratuitos, a lo largo de todo el país, de ayuda para madres y familias en la maternidad y en el fomento de la lactancia.

En redes sociales, también es posible encontrar grupos de apoyo, como por ejemplo @comitelactancia.sochipe y cuentas como @tambieneslactancia donde se educa y visibiliza sobre diversas formas de lactancia, mostrando que todas son exitosas.

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Pilar Correa, psicóloga clínica, psicóloga perinantal y terapeuta familiar IChTF. Cofundadora de Nido Seguro

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